El último Informe de Percepciones de Negocios (IPN) del Banco Central confirma algo que muchas empresas chilenas ya venían sintiendo: los costos subieron, la demanda se debilitó, y los márgenes se estrecharon porque ese mayor costo no siempre se puede traspasar al precio final.
El alza en los precios de los combustibles —producto del conflicto en Medio Oriente— generó efectos indirectos en transporte e insumos, golpeando a empresas de casi todos los rubros. Al mismo tiempo, el acceso al financiamiento bancario se reportó menos favorable que el trimestre anterior: más empresas solicitaron crédito, principalmente para capital de trabajo, pero también aumentó la tasa de rechazo. El propio informe recoge el testimonio de empresas del rubro hotelero y turístico, que hoy encuentran prácticamente cerrado el acceso a crédito bancario para nuevas inversiones: Como resumió un gerente de hotelería, restaurantes y turismo consultado por el instituto emisor: «hoy nadie le presta a la hotelería para hacer inversiones», según los testimonios que recoge el mismo IPN.
La buena noticia es que las expectativas no son pesimistas. Las empresas anticipan un mejor segundo semestre, y el Banco Central proyecta un panorama más favorable para 2027, sustentado en mayor claridad político-legislativa y en la atenuación gradual de las presiones de costos.
Pero ese optimismo de mediano plazo no resuelve la pregunta inmediata: ¿cómo sostener la operación cuando los costos suben, la demanda es más débil y el banco dice que no? La respuesta no está en un solo movimiento, sino en tener una estructura financiera diseñada para absorber estos ciclos: capital de trabajo bien estructurado, líneas de financiamiento diversificadas, y una lectura clara de cuándo conviene ajustar y cuándo conviene invertir.
Las empresas que llegan a estos momentos con una arquitectura financiera sólida no solo resisten mejor: están listas para acelerar en cuanto el ciclo gire.
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