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El capital también se planifica

Por Marcelo Matus de la Parra – Socio Director Integral Chile Cuando una empresa define su estrategia comercial, establece metas, identifica mercados y asigna recursos para alcanzar sus objetivos. Del mismo modo, cuando proyecta nuevas inversiones o busca expandir su operación, desarrolla planes que orientan ese crecimiento. Sin embargo, existe una dimensión que con frecuencia queda relegada a las necesidades del momento: la estrategia de capital. En muchas empresas medianas, las decisiones de financiamiento siguen respondiendo a la urgencia. Se buscan recursos cuando aparece una oportunidad de inversión, cuando el crecimiento exige mayor capacidad o cuando las condiciones del negocio generan nuevas necesidades de liquidez. Si bien esta reacción puede resolver situaciones puntuales, difícilmente constituye una base sólida para sostener el desarrollo de la empresa en el largo plazo. Planificar el capital significa preguntarse con anticipación cómo se financiarán las distintas etapas del negocio y qué estructura permitirá acompañar ese crecimiento de manera consistente. No todas las fuentes de financiamiento responden a los mismos objetivos, ni todas las etapas de una empresa requieren la misma combinación entre deuda, capital propio o nuevos inversionistas. Comprender esa diferencia permite tomar decisiones con mayor perspectiva y reducir el riesgo de que la estructura financiera termine condicionando la estrategia del negocio. Una estrategia de capital también obliga a mirar más allá del financiamiento. Supone entender cuánto capital requerirá la empresa para ejecutar su plan, cuándo será necesario incorporarlo y bajo qué condiciones será más conveniente hacerlo. De esta forma, el acceso a recursos deja de depender exclusivamente de la urgencia y pasa a integrarse como parte del proceso de planificación. Las empresas que trabajan esta dimensión con anticipación suelen enfrentar las conversaciones con bancos, inversionistas o potenciales socios desde una posición distinta. No porque necesariamente requieran capital en ese momento, sino porque conocen su estructura financiera, entienden sus necesidades futuras y pueden evaluar alternativas con mayor criterio. Esa preparación amplía las opciones disponibles y otorga mayor capacidad de negociación cuando llega el momento de tomar decisiones. Planificar el capital tampoco significa anticipar todos los escenarios. Los mercados cambian, las oportunidades evolucionan y las empresas deben adaptarse. Sin embargo, contar con una estrategia permite enfrentar esos cambios con una base más sólida, evitando que decisiones relevantes queden determinadas únicamente por las condiciones del momento. En Integral Chile entendemos que la estrategia de capital es parte de la estrategia empresarial. No se trata solo de definir cómo financiar un proyecto, sino de diseñar una estructura que acompañe el crecimiento, entregue flexibilidad para enfrentar nuevos desafíos y permita que las decisiones financieras respondan al plan del negocio, y no al revés. Porque las empresas que crecen de manera sostenible no son necesariamente las que consiguen más recursos, sino aquellas que saben cómo, cuándo y para qué incorporarlos.   Si necesitas que te ayudemos o asesoremos en tu proyecto, no dudes en escribirnos aquí.

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Empresa con larga trayectoria en proyectos de ingeniería obras civiles, mantenimiento y montajes mecánico industrial, respaldada por ISO 9.001 / 45.001 y Certificación SICEP A con calificación sobre el 90%.

Qué hacer si el banco no te da el crédito que tu empresa necesita

Qué hacer si el banco no te da el crédito

Cuando un banco reduce, rechaza o no renueva una línea de crédito, una empresa tiene alternativas fuera del sistema bancario tradicional: entidades financieras no bancarias reguladas, factoring, leasing, líneas de financiamiento internacional o reestructuración de la deuda existente. La opción correcta depende de si el problema es de flujo de caja, de inversión en activos, o de una estructura de deuda que ya no es sostenible. Que un banco diga que no —o que ofrezca menos de lo que la empresa necesita— no significa que no existan opciones. Significa que hay que buscarlas fuera del circuito bancario tradicional, donde suele haber más flexibilidad, aunque también condiciones distintas que conviene entender antes de decidir. Primero: entender por qué el banco dijo que no Antes de buscar alternativas, vale la pena entender la razón detrás de la respuesta del banco: puede ser una política interna de riesgo para el sector de tu empresa, un tema puntual de garantías, o una señal más profunda sobre el nivel de endeudamiento actual de la empresa. Esto último es importante: si la razón de fondo es que la empresa ya está sobre-endeudada, la solución no es buscar más crédito en otro lado, sino reestructurar la deuda existente antes de sumar una nueva. Alternativa 1: entidades financieras no bancarias reguladas Existen instituciones no bancarias reguladas que ofrecen condiciones de financiamiento con mayor flexibilidad y rapidez de tramitación que la banca tradicional, especialmente para empresas medianas que no calzan perfectamente en los criterios estandarizados de un banco. Alternativa 2: factoring Si el problema es de flujo de caja de corto plazo y la empresa tiene facturas por cobrar, el factoring permite adelantar ese dinero sin depender de una línea de crédito bancaria. No genera deuda nueva: moviliza un activo que la empresa ya tiene. Alternativa 3: leasing Si lo que la empresa necesita es financiar la compra de maquinaria, equipos o vehículos, el leasing permite acceder a esos activos sin comprometer una línea de crédito bancaria ni el capital de trabajo disponible. Alternativa 4: financiamiento internacional Para empresas con operaciones o proveedores en el extranjero, existen herramientas de financiamiento internacional (líneas PAES, factoring internacional, confirming para proveedores externos) que no dependen de la banca local. Cuando el problema no es acceder a más crédito, sino la deuda actual Si la respuesta del banco refleja que la empresa ya tiene un nivel de endeudamiento que genera dudas, buscar financiamiento adicional en otro lado puede empeorar la situación en vez de resolverla. En ese caso, lo que corresponde es reestructurar la deuda existente — renegociar plazos, tasas y garantías con los acreedores actuales — antes de asumir compromisos nuevos. Preguntas frecuentes ¿Es más caro el financiamiento no bancario que el bancario? Puede tener condiciones distintas, no necesariamente más caras en todos los casos, depende del instrumento, el plazo y el perfil de riesgo de la empresa. Por eso conviene comparar alternativas específicas en vez de asumir que la banca tradicional siempre es la opción más económica. ¿Puedo acceder a financiamiento no bancario si un banco ya me rechazó? Sí. Los criterios de evaluación de las entidades no bancarias y de instrumentos como el factoring o el leasing son distintos a los de la banca tradicional, y en muchos casos más flexibles para la mediana empresa. ¿Cómo sé si necesito más financiamiento o si necesito reestructurar mi deuda actual? Si cubrir las obligaciones mensuales actuales ya es difícil, el problema, posiblemente, no se resuelve con más crédito,  se resuelve reestructurando lo que ya existe. Si el negocio genera caja de forma sana pero necesita capital adicional para una oportunidad puntual, ahí sí tiene sentido buscar financiamiento nuevo. ¿Tu empresa necesita financiamiento y el banco no te está dando lo que necesitas? Conversemos sobre las alternativas disponibles para tu empresa →

Señales de que tu empresa necesita reestructurar su deuda antes de que sea tarde

empresa necesita reestructurar su deuda

Una empresa necesita reestructurar su deuda cuando la carga financiera actual ya no calza con su flujo de caja real: cuando cubrir las obligaciones del mes exige esfuerzos crecientes, un banco reduce o cierra una línea de crédito, o la negociación con acreedores se vuelve cada vez más difícil de sostener sola. Actuar en ese punto, antes de que la situación escale, es lo que hace posible reestructurar de forma extrajudicial. La mayoría de las empresas que terminan en una situación financiera crítica no llegaron ahí de un día para otro, hubo señales antes. El problema es que, cuando el negocio «anda bien», reestructurar la deuda no parece urgente. Y cuando finalmente se vuelve urgente, la empresa ya negocia desde una posición más débil. Señal 1: cubrir las obligaciones del mes es cada vez más difícil Si mes a mes la empresa necesita hacer malabares para cumplir con sus pagos —usar líneas de crédito para pagar otras deudas, atrasar pagos a proveedores para cubrir obligaciones financieras— es una señal de que la estructura de deuda actual ya no es sostenible con el flujo de caja real del negocio, incluso si las ventas no han caído. Señal 2: un banco redujo o cerró una línea de crédito Cuando un banco decide reducir el cupo disponible o no renovar una línea, no es una decisión aislada y normalmente refleja que la entidad financiera ya percibe un riesgo mayor en la empresa. Esperar a que otros bancos hagan lo mismo antes de actuar reduce las opciones de negociación disponibles. Señal 3: la negociación con acreedores se está volviendo insostenible Renegociar plazos de manera informal y puntual con cada acreedor puede funcionar una o dos veces. Cuando esas conversaciones se repiten cada mes, con distintos acreedores, sin una estrategia conjunta que ordene toda la deuda de la empresa, es momento de estructurar una reestructuración formal en vez de ir apagando incendios uno por uno. Señal 4: la empresa sigue siendo viable, pero la deuda no Esta es la señal más importante de todas: reestructurar tiene sentido cuando el negocio en sí funciona —tiene clientes, tiene ventas, tiene un modelo que genera valor— pero su estructura de deuda actual no calza con esa realidad. Si el problema es la deuda y no el negocio, hay margen real para renegociar condiciones con los acreedores antes de que el escenario se vuelva crítico. ¿Por qué conviene actuar antes de que sea tarde? Reestructurar a tiempo permite negociar desde una posición donde la empresa todavía tiene margen: puede ofrecer un plan de pago creíble, mantener el control del proceso y evitar que los acreedores empiecen a actuar de forma individual y descoordinada (embargos, demandas). Cuando se espera demasiado, esas mismas conversaciones se vuelven más difíciles, y las opciones se reducen. Preguntas frecuentes ¿Reestructurar la deuda significa que mi empresa está en quiebra? No. Reestructurar es precisamente lo que se hace para evitar llegar a un escenario de esa gravedad. Es una herramienta preventiva, no una señal de que el negocio ya no es viable. ¿Puedo reestructurar solo con algunos acreedores, no con todos? Sí, es posible priorizar según la urgencia y el peso de cada obligación, aunque una estrategia conjunta que considere el panorama completo de la deuda suele dar mejores resultados que negociaciones aisladas. ¿Cuánto tiempo antes de una crisis de liquidez conviene empezar a reestructurar? Mientras antes, mejor. La reestructuración funciona mejor cuando todavía hay flujo de caja operativo y margen de negociación, no cuando ya no hay caja para nada. ¿Reconoces alguna de estas señales en tu empresa? Si ya identificaste alguna de estas señales, conviene entender cómo funciona el proceso. En nuestro artículo sobre por qué realizar una reestructuración de pasivos explicamos qué se renegocia y cómo se hace. Conversemos sobre cómo reestructurar tu deuda a tiempo →

Factoring vs. leasing: cuál conviene a tu empresa

Factoring vs. Leasing

El factoring convierte las facturas por cobrar de una empresa en liquidez inmediata, mientras que el leasing permite financiar la adquisición de bienes (maquinaria, vehículos, inmuebles) pagando cuotas por su uso. La elección entre uno u otro depende de si el problema de la empresa es de flujo de caja de corto plazo o de necesidad de invertir en activos. Son dos de las herramientas de financiamiento no bancario más usadas por la mediana empresa en Chile, pero resuelven problemas distintos. Confundirlas —o elegir la que no corresponde— puede significar pagar más de lo necesario o no resolver el problema de fondo. Qué es el factoring y cuándo conviene usarlo El factoring consiste en ceder las facturas pendientes de cobro de tu empresa a una entidad financiera, que te adelanta ese dinero (descontando un costo financiero) en vez de esperar el plazo normal de pago de tus clientes. Conviene cuando el problema es de flujo de caja: tienes ventas y facturas emitidas, pero el ciclo de cobro es largo y necesitas liquidez antes de esa fecha. Es especialmente útil para empresas con clientes que pagan a 60, 90 o más días, donde ese desfase entre facturar y cobrar genera tensión de caja recurrente. Qué es el leasing y cuándo conviene usarlo El leasing es un contrato de arrendamiento con opción de compra: en vez de comprar un bien directamente (maquinaria, vehículos, equipos, inmuebles), tu empresa paga cuotas por usarlo durante un período determinado, con la posibilidad de adquirirlo al final del contrato por un valor residual. Conviene cuando el problema no es de caja de corto plazo, sino de necesidad de invertir en activos para operar o crecer, sin comprometer capital de trabajo de una sola vez. Factoring y leasing: diferencias clave Qué financian: el factoring financia capital de trabajo a partir de cuentas por cobrar existentes; el leasing financia la adquisición de un bien específico. Plazo: el factoring resuelve necesidades de corto plazo (semanas a meses, según el vencimiento de las facturas); el leasing es de mediano a largo plazo (los contratos suelen ir de 2 a 5 años o más, según el bien). Impacto en el balance: el factoring no genera nueva deuda. Moviliza un activo (las cuentas por cobrar) que ya existe. El leasing sí implica un compromiso de pago a futuro por el uso del bien. Para qué tipo de necesidad sirve cada uno: si el problema es «tengo ventas pero no tengo caja hoy», es factoring. Si el problema es «necesito una máquina o un vehículo para operar pero no quiero comprarlo de contado», es leasing. ¿Se pueden usar ambos al mismo tiempo? Sí. No son excluyentes, de hecho, es común que una empresa en crecimiento use factoring para sostener su flujo de caja operativo mientras usa leasing para financiar la inversión en equipamiento o infraestructura que necesita para escalar. La decisión no es «uno u otro» en abstracto, sino cuál corresponde a cada necesidad específica dentro de la empresa. Preguntas frecuentes ¿El factoring afecta mi relación comercial con mis clientes? No debería si se gestiona correctamente. En algunos esquemas de factoring el cliente ni siquiera se entera del cambio, ya que la empresa sigue gestionando la relación comercial normalmente. ¿Qué pasa si mi empresa aún no factura sobre $1.000 millones anuales? El acompañamiento en la conexión con estas alternativas de financiamiento está pensado para empresas medianas y grandes que facturan sobre ese umbral. Si tu empresa está por debajo, puedes escribirnos igual para orientarte sobre alternativas. ¿El leasing conviene más que comprar el activo directamente? Depende del flujo de caja disponible y de si prefieres preservar capital de trabajo para otras necesidades del negocio. No hay una respuesta única, es una decisión que conviene evaluar caso a caso según la situación financiera de la empresa. ¿No sabes si tu empresa necesita factoring, leasing o ambos? Conversemos sobre la mejor alternativa para tu situación →

Qué pasa con las deudas y responsabilidades después de vender tu empresa

Deudas y responsabilidades al vender tu empresa

Al vender una empresa, las deudas existentes se descuentan del valor total del negocio antes de calcular lo que recibe el vendedor. Las responsabilidades legales posteriores a la venta —por ejemplo, un juicio laboral anterior a la transacción— dependen de las cláusulas específicas del contrato de compraventa, no de una regla general. Sin esas cláusulas bien definidas, el vendedor queda expuesto incluso después de haber cerrado el trato. Uno de los mayores temores al vender una empresa no es el precio, es firmar y descubrir meses después que sigues siendo responsable de algo que ya no controlas. Ese riesgo se administra con cláusulas contractuales específicas, no se elimina solo, y por eso conviene entenderlas antes de llegar a la mesa de negociación. Cómo se tratan las deudas en el precio de venta Cuando una empresa tiene deuda al momento de la venta, el comprador la resta del valor total del negocio (enterprise value) para llegar al monto que efectivamente recibe el vendedor (equity value). Esto significa que la deuda no impide la venta, pero sí reduce lo que el vendedor se lleva, razón de más para que la valorización inicial sea precisa y no deje ese descuento a interpretación del comprador. Las cláusulas que protegen al vendedor después de la venta Cláusulas de indemnidad: definen qué tipo de contingencias (tributarias, laborales, legales) siguen siendo responsabilidad del vendedor después del cierre, y por cuánto tiempo. Sin esta cláusula, la exposición del vendedor queda indefinida. Garantías y representaciones (reps & warranties): son las declaraciones que el vendedor hace sobre el estado real de la empresa al momento de la venta. Si algo declarado resulta falso, el comprador puede reclamar. Por eso conviene que estas declaraciones sean precisas, no genéricas. Escrow o retención de precio: una parte del precio de venta queda retenida por un período determinado, como respaldo ante posibles contingencias que aparezcan después del cierre. Protege al comprador, pero también da certeza al vendedor sobre cuándo termina su exposición. Cláusulas de no competencia: limitan al vendedor de iniciar un negocio competidor por un período definido. Son estándar en la mayoría de las transacciones y conviene negociar su alcance y duración con cuidado. ¿Por cuánto tiempo puedo ser responsable después de vender? Depende exclusivamente de lo que se pacte en el contrato. Es habitual que las cláusulas de indemnidad tengan plazos definidos —por ejemplo, mayor plazo para contingencias tributarias que para otro tipo de reclamos—, pero no existe un plazo legal único que aplique por defecto. Esto es, precisamente, lo que hace indispensable negociar estas cláusulas con asesoría experta antes de firmar. Preguntas frecuentes ¿Puedo vender mi empresa si tiene juicios pendientes? Sí, pero el comprador va a exigir que quede explícito en el contrato quién asume la responsabilidad de ese juicio y bajo qué condiciones. Ocultar un juicio pendiente durante la negociación es motivo de reclamo posterior por parte del comprador. ¿Qué pasa con las deudas previsionales o tributarias no declaradas? Si aparecen después del cierre y no fueron declaradas durante la due diligence, normalmente el vendedor sigue siendo responsable. Por eso es clave declarar todo antes de firmar, incluso lo que parece menor. ¿El comprador puede reclamarme algo años después de la venta? Solo dentro de los plazos que se hayan definido en las cláusulas de indemnidad del contrato. Sin un plazo claro pactado, la exposición del vendedor queda abierta a interpretación, lo que es un riesgo evitable con la negociación correcta. ¿Quieres vender tu empresa? Conversemos sobre cómo protegerte en la negociación →

Qué revisar antes de vender tu empresa

Qué revisar antes de vender tu empresa

Antes de vender una empresa en Chile conviene revisar cuatro áreas: los últimos tres años de estados financieros, la estructura societaria, los contratos vigentes con clientes y proveedores, y cualquier contingencia legal o tributaria pendiente. Una preparación deficiente en cualquiera de estas áreas es la causa más común de que una venta se caiga o de que el precio baje durante la negociación. Vender una empresa no empieza cuando aparece un comprador. Empieza meses antes, ordenando lo que ese comprador va a revisar con lupa. Un dueño que llega a la negociación sin esta preparación pierde poder de negociación, incluso si el negocio es sólido. Estados financieros: la base de toda negociación Un comprador va a pedir al menos tres años de estados financieros, y los va a cruzar con la información tributaria de la empresa. Cualquier inconsistencia entre lo que se declara y lo que se presenta como resultado real genera desconfianza inmediata — y desconfianza se traduce en menor precio o en que el comprador simplemente se retire del proceso. Estructura societaria y contratos vigentes El comprador necesita entender exactamente qué está comprando: quiénes son los socios actuales, qué porcentaje tiene cada uno, y si existen pactos de accionistas que puedan complicar la transacción. Lo mismo aplica a los contratos con clientes y proveedores clave: si el negocio depende de uno o dos contratos grandes sin cláusulas claras de continuidad tras un cambio de propietario, eso es un riesgo que el comprador va a descontar del precio. Contingencias legales y tributarias Juicios pendientes, deudas previsionales, fiscalizaciones del SII sin resolver o pasivos ambientales son el tipo de sorpresas que, si aparecen durante la due diligence del comprador y no antes, pueden hacer caer una negociación completa. Identificarlas y resolverlas —o al menos documentarlas con claridad— antes de salir al mercado evita que se conviertan en el punto de quiebre de la venta. ¿Qué pasa si mi empresa tiene deudas? Tener deuda no impide vender una empresa. Lo que ocurre es que el comprador resta el monto de la deuda del valor total del negocio (enterprise value) para llegar al valor que efectivamente recibe el vendedor (equity value). Por eso una valorización clara desde el inicio es tan importante: define correctamente ese punto de partida antes de que la deuda se convierta en un argumento de negociación en tu contra. Preguntas frecuentes ¿Qué pasa con mis empleados si vendo la empresa? Depende del tipo de transacción. En algunos casos el comprador mantiene al equipo actual para continuar la operación; en otros, negocia solo los activos del negocio. Es un punto que conviene definir desde la etapa de preparación, no durante la negociación. ¿Puedo quedar con responsabilidades después de vender mi empresa? Sí, si el contrato de compraventa no queda bien estructurado. Por eso la etapa de negociación y cierre debe incluir cláusulas claras sobre garantías, responsabilidades post-venta y plazos de indemnidad. No es un detalle administrativo, es lo que protege al vendedor después de firmar. ¿Cuánto tiempo toma preparar mi empresa antes de salir a venderla? Depende de qué tan ordenada esté la información hoy. Si los estados financieros y la documentación legal están al día, la preparación puede tomar pocas semanas; si hay que levantar información desde cero, puede tomar algunos meses adicionales antes de iniciar la búsqueda de comprador. ¿Estás pensando en vender tu empresa y no sabes por dónde empezar a prepararla? Conversemos →

Cómo valorizar una empresa en Chile: guía completa

Valorizar una empresa en Chile significa determinar su valor económico real combinando distintos métodos financieros, principalmente múltiplos de EBITDA y modelos que miden el potencial de crecimiento futuro (CAPM). El proceso toma entre 45 y 60 días con asesoría especializada y es el primer paso antes de vender, incorporar un socio o buscar financiamiento. Muchos dueños de empresa saben que su negocio tiene valor, pero no tienen un número confiable para respaldarlo frente a un comprador, un socio o un banco. El balance contable rara vez refleja ese valor real — para eso existe la valorización de empresas, un proceso técnico que traduce el desempeño y las proyecciones de un negocio en una cifra defendible.  ¿Por qué necesito valorizar mi empresa? Hay momentos concretos en que una empresa necesita una valorización formal: antes de vender el negocio o parte de él, al incorporar un socio estratégico o un inversionista, al reestructurar deuda con nuevos acreedores, o por exigencia legal o tributaria (reorganización societaria, sucesión, retiro de un socio). En todos estos casos, un número no verificado —o simplemente «lo que el dueño cree que vale»— no resiste una negociación seria. Los métodos de valoración más usados en Chile Múltiplos de EBITDA: compara la empresa con transacciones o compañías similares del mismo sector, aplicando un múltiplo de mercado sobre su EBITDA a partir del desempeño de los últimos años. Es uno de los métodos más usados por su solidez y comparabilidad. CAPM (potencial de crecimiento): mide el potencial de crecimiento futuro de la empresa para complementar la mirada histórica del EBITDA, estableciendo un rango de valor más completo. Valor de activos: suma el valor de los activos de la empresa descontando sus pasivos. Se usa menos como método principal y más como piso de referencia, especialmente en empresas con activos físicos relevantes (industriales, inmobiliarias). En Integral Chile trabajamos principalmente con EBITDA y CAPM: el primero establece el mínimo del rango de valor a partir de la historia financiera de la empresa, y el segundo el máximo, según su potencial de crecimiento. El precio final se define en la negociación con el comprador o inversionista específico. ¿Cuánto tiempo toma valorizar una empresa? Un proceso de valorización profesional toma entre 45 y 60 días. Ese plazo incluye levantar y verificar la información financiera de la empresa, aplicar los métodos de valoración, y preparar un informe que pueda sostenerse frente a un comprador, un socio o un banco. ¿Qué información necesito tener lista antes de valorizar mi empresa? Los tres años más recientes de estados financieros, la estructura societaria actual, contratos vigentes con clientes y proveedores relevantes, y cualquier contingencia legal o tributaria pendiente. Cuando esta información no está ordenada, valorizar toma más tiempo — y en algunos casos, como identificamos en procesos reales, ordenar la información es el primer paso antes de poder valorizar cualquier cosa. Preguntas frecuentes ¿Cuánto cuesta valorizar una empresa en Chile? El costo varía según el tamaño y complejidad de la empresa. En Integral Chile trabajamos con empresas que facturan sobre $1.200 millones anuales — conversemos sobre tu caso específico. ¿Puedo valorizar mi empresa yo mismo? Es posible hacer una estimación preliminar, pero una valorización que resista una negociación con un comprador, socio o banco requiere metodología financiera formal y, en la mayoría de los casos, una mirada externa e independiente. ¿La valorización es la misma si quiero vender que si quiero buscar un socio? El método base es similar, pero el enfoque cambia: para una venta se valoriza el 100% del negocio; para incorporar un socio, se valoriza el porcentaje específico que se va a ceder y su impacto en el control de la empresa. ¿Quieres saber cuánto vale realmente tu empresa? Conversemos sobre la valorización de tu empresa →

Inversionistas chilenos anticipan mayor volatilidad, pero mantienen el foco en nuevas oportunidades

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La incertidumbre geopolítica y económica está marcando las decisiones de inversión a nivel global. Sin embargo, en Chile la expectativa de mayor volatilidad no ha frenado el interés por seguir invirtiendo, sino que está impulsando estrategias de diversificación y búsqueda de nuevas oportunidades. De acuerdo con la última encuesta de Schroders, el 94% de los inversionistas chilenos espera que los próximos 12 meses sean más volátiles que el período anterior, una cifra superior al promedio global de 85%. El estudio consideró a más de 1.000 inversionistas institucionales, gestores patrimoniales e intermediarios financieros que administran activos por US$72 billones. Entre las principales preocupaciones identificadas por Schroders destacan el conflicto en Medio Oriente (69%), la incertidumbre sobre la política exterior y el liderazgo de Estados Unidos (67%), los movimientos en los precios de las materias primas y la energía (53%), una posible escalada geopolítica (52%) y el riesgo de recesión (50%). Frente a este escenario, la encuesta muestra que los inversionistas están reforzando sus estrategias de diversificación. En Chile, el 94% considera esta práctica una prioridad, mientras que el 89% busca fortalecer la protección de capital. No obstante, la cautela no significa inmovilismo. Un 61% de los inversionistas chilenos afirma estar buscando oportunidades de compra, cifra que supera ampliamente el promedio global de 49%. Además, un 44% está aumentando su exposición a mercados privados, activos reales y estrategias alternativas. Según Schroders, los resultados reflejan que los inversionistas locales están respondiendo a la incertidumbre combinando prudencia con una visión de largo plazo, fortaleciendo la resiliencia de sus portafolios mediante una mayor diversificación y nuevas fuentes de retorno. La gestión activa también gana terreno. Un 39% de los inversionistas chilenos aumentó su asignación a estrategias activas, superando el promedio global de 31%. Asimismo, los ETF activos continúan consolidándose gracias a sus menores costos, mayor liquidez y flexibilidad operativa. Para Schroders, el contexto actual refleja un cambio estructural en los mercados internacionales, donde la fragmentación geopolítica y la reorganización de las cadenas de suministro están modificando las estrategias de inversión. En este escenario, el 47% de los inversionistas globales ya está incrementando la diversificación geográfica de sus carteras fuera de Estados Unidos.   Si necesitas que te ayudemos o asesoremos en tu proyecto, no dudes en escribirnos aquí.

Banco Central rebaja proyección de crecimiento para 2026, pero mejora las perspectivas para los próximos años

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El Banco Central ajustó a la baja su proyección de crecimiento para la economía chilena en 2026. En su Informe de Política Monetaria (IPoM) de junio, redujo el rango esperado para el Producto Interno Bruto (PIB) desde 1,5%-2,5% a un nuevo intervalo de 1,0%-1,75%, reflejando un desempeño más débil de lo previsto durante el primer trimestre. Según el organismo, la revisión responde principalmente al menor dinamismo de sectores ligados a los recursos naturales, como la minería del cobre, la agricultura y la pesca. A esto se sumó una menor actividad en el turismo receptivo, factores que impactaron tanto a la industria manufacturera como al comercio mayorista. Pese al ajuste para este año, el Banco Central mantiene una visión más favorable para el mediano plazo. El IPoM elevó la proyección de crecimiento para 2027 a un rango de 2,0%-3,0%, mientras que para 2028 espera una expansión de entre 1,75% y 2,75%, apoyada principalmente en una recuperación de la inversión. En esa línea, el informe reconoce una desaceleración de la inversión durante 2026. La proyección para la formación bruta de capital fijo (FBCF) fue reducida desde 4,0% a 2,2%, aunque las expectativas para los años siguientes mejoran significativamente. El organismo destaca que el último catastro de la Corporación de Bienes de Capital aumentó en 33% la cartera de grandes proyectos para el período 2026-2029, anticipando una recuperación del ciclo inversor. El consumo privado también fue revisado a la baja. La proyección pasó desde un crecimiento de 2,2% a 1,8% para este año, debido a una menor creación de empleo, el impacto de la inflación sobre los ingresos reales y el deterioro de las expectativas económicas. En contraste, el consumo público aumentó sus perspectivas, en línea con las nuevas proyecciones fiscales incorporadas en el informe. En materia de inflación, el Banco Central mantiene su expectativa de que converja al 3% durante el segundo trimestre de 2027. Además, elevó su proyección para el precio del cobre, desde US$5,4 a US$5,8 por libra en 2026, lo que entrega un respaldo adicional para la actividad económica en los próximos años.   Si necesitas que te ayudemos o asesoremos en tu proyecto, no dudes en escribirnos aquí.

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